Corta un trozo de cartulina blanca de 4 1/2 x 6 1/2".
Pasa cada tampón de tinta de color, de uno en uno, sobre tu tapete de cristal.
Pulveriza ligeramente la tinta con agua y luego "aplasta" la cartulina sobre la tinta. Seca cada color antes de añadir el siguiente, para que no se formen colores "sucios". ¡Queremos que los colores queden vivos y brillantes!
Puedes salpicar el fondo entintado con gotitas de agua antes de retirar el exceso con papel de cocina. Así consigues un efecto envejecido precioso.








